Mynn se levantó con el cuello dolorido; había pasado casi toda la noche hablando con su hermano Petro y al final se había quedado dormida en el sofá.
Desayunó café y magdalenas y casi obligó a su hermano a que
le llevase a la escuela militar. Una vez allí no imaginó que su padre se
encontraría en la puerta mirando con impaciencia a todos lados sin darse cuenta
de que al ser el capitán de la nave llamaba la atención de una manera peculiar.
‒¡Papá! ‒exclamó la joven agarrándole del brazo y
apartándole del gentío‒. ¿Qué demonios haces aquí?
‒ Mynn... ‒ balbuceó casi a punto de llorar‒. ¡Has venido!
¡Qué alegría me das! ‒La abrazó con alegría, aunque su hija rápidamente se
zafó.
‒ No me lo puedo creer... ¡Lárgate! ¡Ahora! Que al final
llegaré tarde ‒zanjó antes de marcharse a pesar de que su padre la llamaba.
Una vez dentro del edificio trató de hacer oídos sordos a
las burlas generales como había hecho desde que tenía memoria. Era cierto que
en aquel momento los comentarios la sentaban particularmente mal, pero respiró
varias veces, se mentalizó en que no merecía la pena y se adentró en su clase a
la espera de que comenzase el examen.
*
Aurora Wilkinson era la única amiga de Mynn. No eran muy
cercanas, pero aun así aquella relación le bastaba y sobraba a la joven y
solitaria cantante.
‒ Todos a su sitio... ‒Cuando el profesor entró lo hicieron
también el resto de alumnos que habían estado fuera dando unos últimos repasos
al temario.
Las tensión se palpaba en el ambiente, lo cual fue chocante
para Mynn, quien siempre había notado un exceso de cachondeo y pasotismo; se
notaba que era el examen final.
‒ El examen consta de dos folios por las dos caras ‒explicó
dando exámenes a la primera fila para que los pasasen hacia atrás‒. Tenéis hora
y media y disponéis de un solo folio, así que procurad no excederos o
equivocaros demasiado. Cuando terminéis podéis marcharos, los resultados
saldrán esta misma tarde y podréis consultarlos en la extranet de clase. Si
aprobáis os llegará la matrícula directamente a casa nada mas salgan los
resultados. Solo tendréis que rellenar la solicitud y devolverla. Las clases
empezarán la semana que viene. Buena suerte, chicos ‒concluyó antes de
sentarse, sin embargo rápidamente volvió a ponerse en pie‒. Se me olvidaba:
Copiar o consultar Internet de cualquier manera está totalmente prohibido. Si
las nanocámaras captan algo extraño y se os caza, se os penalizará con la
expulsión inmediata y la prohibición de volver a presentarse al examen ‒Pausó
un momento para mirar de un lado de la clase a otro‒. Ahora sí, podéis seguir.
Los bolígrafos resonaron por todo el aula entre aquel
silencio sepulcral. Era una sensación tan extraña que a Mynn la costó arrancar,
sin embargo, en cuanto miró las hojas comenzó a rellenarlas sin atisbo de duda.
Cuando levantó la vista de su examen relleno habían pasado 40 minutos. Nadie se
había movido aun de su sitio, ni un solo bolígrafo había cesado su actividad
cuando Mynn se levantó a entregar el examen.
Fue como si hubiese sido un fantasma. Esperando murmullos
que pronosticaban su pasotismo y probabilidades de suspender... no recibió
nada. Era tal la concentración del aula que al salir de ella Mynn sintió que
podía volver a respirar.
Encogiéndose de hombros y tratando de olvidar todo lo
relacionado con la clase pasó por las recreativas y volvió a su casa.
Tal y como esperaba allí no había nadie, así que preparó su
comida, vio la tele, jugó a videojuegos... Y el sonido de un nuevo mensaje en
el correo de la casa inundó un segundo el inmueble. No fue una sorpresa ver que
eran los resultados del examen... Lo que si sorprendió a Mynn fue ver que su
nota era un 9,5 "por desarrollar de más las preguntas", según los
comentarios de su profesor. Aguantando las ganas de retorcerle el pescuezo,
decidió que lo más sensato era pasar el mensaje a su reloj inteligente y correr
en busca de su padre.
Había aprobado, al fin y al cabo era eso lo que importaba.
Al llegar al puente enseñó su permiso de entrada a los
guardas que vigilaban la puerta. Uno de ellos se dirigió al interior y momentos
después salió con Alfred detrás.
‒ Vayamos a mi despacho ‒ Se adelantó a su hija. La
preocupación se le notaba a la vista, así que Mynn sonrió algo complacida.
El despacho no estaba muy lejos; entraron, se sentaron y
Alfred cruzó las manos frente a su cara.
‒ ¿Y bien? ‒ preguntó con impaciencia‒. ¿Qué tal te ha ido?
Sin decir nada, tocó la pantalla de su reloj e
inmediatamente después se levantó una imagen en el aire que mostraba la nota.
‒ Ya lo ves. Sobresaliente ‒se regocijó acomodándose en el
sofá.
Con un suspiro de alivio y un cambio drástico en la
expresión de Alfred, este se levantó con alegría y felicitó a su hija
abrazándola.
‒ Y ahora... ‒ Se zafó de él y arrastró la pantalla hasta la
mesa con el movimiento de su dedo índice ‒. Firma el examen y aprueba que sea
cantante.
‒ ¿Qué?
Sin entender lo que quería decir su hija volvió a su
asiento.
‒ ¡No te hagas el tonto! He aprobado el examen con una nota
más que buena, creo que me merezco mi puesto como cantante de la Macross
Spinel.
La sala quedó en silencio hasta que su padre suspiró con
angustia.
‒ ¿Otra vez con esas...? A ver, Mynn...
‒ ¡Ni se te ocurra darme una excusa! ‒ Golpeando la mesa con
las dos manos asustó a su padre‒. Me dijiste que aprobara el examen y eso he
hecho. ¡Te toca cumplir tu parte!
‒ ¿Qué parte? A ver Mynn... Nunca te dije que podrías ser
cantante. Te dije que te centrases en entrar al ejército, nada más.
‒ Pues eso. Ya he entrado.
‒ Y ahora debes escoger un camino y seguir adelante, hija.
‒ ¡Y te estoy diciendo cual es! ¡Quiero...!
‒ ¡Baja de las nubes! ‒ estalló de pronto haciendo callar a
Mynn‒. No eres una niña, no puedes vivir de tus sueños. Ser cantante no es un
trabajo. Ya sé ‒ se adelantó a las quejas de su hija levantando una mano para
que le dejase seguir‒, que las canciones han sido de mucha ayuda en el pasado,
pero ahora mismo no hay ninguna amenaza, no necesitamos cantantes. Podría decirte
que sí, ¿y luego qué? ¿Qué pasa si no hay ningún enemigo en 50 años?, ¿morirías
de hambre por no tener un trabajo?
‒ Papá, los cantantes no viven solo de salvar a la Macross.
Hacen conciertos, generan fans y...
‒ ¡Y fracasan y acaban en el olvido! ‒escupió con rabia.
Mynn se mordió el labio inferior y miró a su padre con rabia
en los ojos.
‒ Yo no soy mamá...
‒ ¡Lo sé! ¡Eres mi hija y por lo tanto harás lo que te
ordene! ‒ Golpeó la mesa‒. Elige la opción que prefieras de las que vienen aquí,
¡y no quiero volver a oírte rechistar o hablar de cantantes! ¿He sido claro?
Mynn apartó la vista y parpadeó rápidamente para evitar
llorar. Después, sin apartar los ojos de los de su padre, proyectando una
mirada que Mynn ansiaba que fuese de un odio capaz de penetrar en el corazón de
su padre, seleccionó una casilla sin mirar.
‒ Como el agua ‒ zanjó antes de marcharse.
Cuando Mynn se marchó, Alfred se sentó y se tapó la cara con
cansancio. Dirigió su mirada a una estantería llena de libros, trofeos y
fotografías y fijó la vista en un marco tumbado en la vitrina.
Mynn corrió y corrió hasta quedarse sin aire. Todo con tal
de llegar al parque de los monumentos y tratar de contactar con Xayon. La red
no estaba conectada y no podía hablarle, pero aun así esperó sin dejar de mirar
el móvil.
No pasaron ni cinco minutos cuando una alarma salió de su
reloj. Guardando el móvil, tocó la pantalla del objeto dejando que una pantalla
semi transparente se proyectase delante de su cara.
«Le confirmamos que su solicitud ha sido procesada y
aceptada. No olvide presentarse el Lunes 17 a las 10 am en secretaría para
recoger su material escolar.»
Con rabia, cerró la pantalla moviéndola de manera brusca con
el dedo. Acto seguido corrió hacia la figura de Lynn Minmay, se sentó a su lado
y acurrucó la cabeza entre sus piernas después de haber visualizado su figura
de plata de arriba a abajo.
‒ ¿Tan difícil es cumplir un sueño...? ‒ preguntó a nadie en
particular‒. Todo por mi apellido... Todo por ser una Flauston ‒siguió
empezando a temblar, pero tratando de aguantar las lágrimas‒. Todo por ser
descendiente de militares, por ser la hija del capitán y de... Ni siquiera las bandas
locales me quieren por miedo a mi maldito apellido... ‒Apretó los dientes y
golpeó la figura mientras clamó‒: ¡Lo odio!
El sonido sordo de la figura al reverberar hizo que la joven
se calmase mínimamente.
‒ Yo solo quiero vivir mi vida, no la que me han impuesto...
‒ susurró antes de que el sonido de un mensaje al móvil la despistase por
completo.
«¿Qué tal el examen? - Enviado
por X-A: 4»
Limpiándose las lágrimas de los ojos y tragando saliva para
calmarse le explicó toda la situación a su amigo.
«Bueno, es lo más normal, ¿no? Los militares no necesitan
cantar...»
«No es solo eso. Mi padre nunca ha querido apuntarme a
canto, ¡amenazó a todas las bandas locales a las que me quise unir para que me
echasen!»
Esperando que su compañero le preguntase "¿Por
qué?" y preparada para hablarle de su pasado, se decepcionó al no recibir
esa pregunta.
«Ya veo...»
"Ya veo" Se dijo para sí misma, ¿eso era todo?
«Quizá deberías buscar otro sueño...»
Aquella frase terminó con la poca paciencia que le quedaba.
Lanzó el móvil a la hierba con frustración pensando en lo estúpida que era
aquella idea, sin embargo, poco a poco aquello fue metiéndose en su cabeza,
sopesando si valía la pena luchar en vano o si era mejor olvidarse de problemas
y seguir el camino que le había sido dibujado desde su nacimiento.
Levantándose, recogió su móvil y volvió a abrirlo. Por
suerte la línea seguía conectada.
«O quizá lo mejor sea prescindir de ninguno»
Concluyó antes de marcharse a su casa derrotada y rendida
ante lo que le deparase el futuro.
La semana pasó más rápido de lo que imaginó. Eran las 10:15
y aun esperaba que la tocase su turno para saber tanto a dónde dirigirse como
qué modalidad había escogido, pues con el enfado (que aun duraba) hacia su
padre, no supo qué había marcado en la hoja de inscripción.
‒ ¡Siguiente!
‒ Yo ‒ respondió Mynn.
‒ Su anillo, por favor.
Pasando la mano por debajo de la ventanilla, una luz hizo un
corto sonido e inmediatamente se abrió una pantalla con todos los datos de Mynn.
‒ Mynn Flauston, 17 años, número personal 77X906F2, ¿es
correcto?
‒ Así es.
‒ La modalidad escogida es la de soldado, aquí tiene sus...
‒ ¿¡Soldado!? ‒ exclamó interrumpiendo a la mujer.
‒ ¿Hay algún problema? Si no es la modalidad que ha escogido
deberá de presentar un formulario en la mesa de reclamaciones y esperar 90 días
a que se le dé una solución.
Pensando en lo duro que sería hacer todo aquello para
meterse en otra modalidad fuera de su agrado sacudió la cabeza y se recordó a
sí misma: "acepta lo que han escrito para ti".
‒ No. Está todo bien.
‒ En ese caso aquí tiene los libros, el horario, el folleto
de normas y el carnet de acceso con su nombre y datos. Su aula es la 1-G. No
olvide leerse el folleto lo antes posible y pedir un uniforme con su talla en
la tienda de uniformes. Está en este pasillo de la derecha y siguiendo los
paneles indicativos. Déjeme su reloj, por favor.
Volviendo a meter la mano, un nuevo sonido con luz pasó
sobre él.
‒ Le he instalado un programa obligatorio para todos los
soldados. En él hay una copia de seguridad con toda su información. En caso de
perder la tarjeta de acceso o cualquier otro objeto militar, podrá usar su
programa como reemplazo hasta que le den el material nuevo. En el programa hay
una aplicación con su rango y con un medidor de fuerza, agilidad, resistencia y
velocidad tanto suyo como de la Valkyrie que le asignen más adelante. Para
cualquier duda, estamos abiertos de ocho a trece y de diecisiete a veintidós.
‒ Vale, gracias... ‒se sorprendió de la rapidez y eficiencia
del servicio.
Curiosa, quiso llegar a su clase y comprobar quienes serían
sus compañeros. Tenía claro que volvería a estar sola y que se repetiría el
ciclo de "evitar a la rara", pero aun así mantenía la esperanza de no sentirse tan desplazada como en la
academia.
‒ ¡Mynn! ‒ La voz de Aura hizo que esta se diese media
vuelta.
‒ ¡Aura! ‒ respondió saludando con la mano libre.
‒ ¿Qué haces aquí? Pensaba que... Oh, no me digas...
‒ Pues sí. Mi padre. He decidido resignarme ‒ sonrió
lejanamente ‒. ¿Y tú...?
Dando una vuelta sobre sí misma para mostrar bien su
uniforme rió contenta.
‒ ¡Saluda a la próxima médico militar Aurora Wilkinson!
‒ ¡Enhorabuena! ¿Al final tu padre accedió?
‒ Entró en razón al ver las pruebas que había que hacer para
ser policía y soldado. ¿Y tú entonces...?
‒ Ironías de la vida... Parece ser que voy a ser soldado...
‒ ¿¡En serio!? No me lo puedo creer... Bueno, tu padre no
podrá quejarse.
‒ Más le vale no hacerlo... ¿A qué clase vas?
‒ A la 1-H.
‒ ¡Anda, pero si estamos al lado! Yo iré a la 1-G.
‒ ¿De verdad? ¡Qué bien! Nos veremos en los descansos
entonces. Oh, perdona Mynn, tengo que irme ya o empezarán la clase de
iniciación sin mí. ¡Hasta luego!
Despidiéndose, se sintió más aliviada al saber que Aura
estaría cerca.
Entrando a su clase, se dio cuenta de que la mayoría de las
caras eran desconocidas... Y entonces fue consciente de su propia debilidad.
Ahora tenía la oportunidad de sentarse al lado de un completo desconocido,
entablar una conversación y hacer un nuevo amigo... ¿Pero y si ya conocía los
rumores que corrían sobre ella? ¿Y si sabía sobre las amenazas de su padre a
miembros de grupos de música? ¿Y si...? Y entonces respiró hondo, borró
aquellas preguntas de su cabeza y las reemplazó por un "¿Y qué más da? No
necesito a nadie. Con Aura tengo más que suficiente", y fue a sentarse al
primer asiento vacío sin gente alrededor que vio. Por desgracia, una voz nada
agradable a los oídos de Mynn paró sus pasos.
*
Sin tener tiempo de discutir, el profesor entró en la clase
y les mandó sentar a todos.
‒ Buenos días, alumnos. Me llamo Hiro Madarame y seré
vuestro tutor y profesor de tácticas militares.
Lo primero que pensó Mynn en cuanto se centró fue en lo
estricto que parecía aquel hombre. Recordó entonces la infinidad de rumores y
de anécdotas que habían hecho que muchos renunciasen a ser soldado y se
arrepintió de no haber cambiado de especialidad... Sobre todo ahora que su
destino le había jugado aquella pasada. Por desgracia para ella, aquel destino
aun no había terminado.
‒ Me gustaría que os sentaseis con vuestro compañero. Si aun
no sabéis quien es podéis mirarlo en el tablón que hay al fondo. Si os
preguntáis por qué, es bastante fácil: Vuestro compañero va a ser una parte más
de vosotros mismos. Siendo soldados vais a tener que depender de mucha gente y
no podéis permitiros dudar o cuestionar una orden en un momento difícil. Así
que lo mejor es acostumbraros desde ya a que siendo soldados, jamás podréis
actuar sin que otra persona se vea afectada. Para bien o para mal. ¿Alguna pregunta?
‒ ¡Sí! ¿Se puede cambiar de compañero?
Aquella pregunta alivió a Mynn de tener que hacerla ella.
‒ ¿Tu nombre?
‒ Alissa.
‒ Pues no, Alissa. En una batalla no decides a tu compañero.
Cuando estás a punto de ser destruido por el enemigo no decides a tu compañero.
Cuando mueres por haber metido la pata no decides a tu compañero.
La chica enmudeció y se sintió avergonzada, aunque no más
que cuando pronunció su siguiente frase.
‒ Y ahora, por tu falta de respeto y tontería de niña
pequeña, tu compañero, sea quien sea, tendrá un punto menos en comportamiento.
A esa frase, la clase comenzó a murmurar.
‒ ¡Silencio! Si no os gusta, ya sabéis lo que tenéis que
hacer. Aquí los soldados comparten tanto lo bueno como lo malo. ¿Alguna
pregunta más? ¿No? Pues colocaos con vuestro compañero.
La clase se embutió en un pequeño caos hasta que todos se
colocaron en su sitio.
‒ Ahora pasaré lista...
La gente, como era normal, respondía a su llamada y el profesor
continuaba nombrando. No fue hasta nombrar a Firo y a Mynn que la clase comenzó
a murmurar sin apartar la vista de ellos.
Al estar acostumbrada, Mynn ni siquiera se enteró, sin
embargo Firo no tardó en girar la cabeza para encontrarse con los ojos de otra
persona y que el silencio se fuese extendiendo poco a poco otra vez.
Tras nombrar a todos, el tutor explicó en qué consistirían
el resto de asignaturas, el método de evaluación y más detalles de importancia.
Después, todos pudieron marcharse.
‒ Tú no te vayas tan deprisa... ‒ Firo agarró de la camiseta
a Mynn.
‒ ¿Qué quieres? ‒ Esperó a ver qué quería sin mucha
paciencia.
‒ No te molestas en leer las normas y por lo que veo tampoco
en escuchar los rumores y esas cosas...
‒ ¿De qué hablas?
‒ Tenemos que colaborar en un trabajo final.
‒ ¿Y?
‒ ¿Cómo que "y"? ¿Nunca has oído hablar de ese
trabajo?
‒ Algo me suena haber escuchado de mi hermano... Que era muy
difícil o no se qué...
‒ ¿Difícil? Difícil no es, lo que es, es largo. Es un
trabajo que como no empecemos a organizarlo ya te aseguro que lo pasaremos muy
mal más adelante. Mi hermano me advirtió especialmente de ello.
‒ ¿Y quieres discutirlo ahora? ¿El primer día?
‒ Sí, estaría muy bien.
‒ Pues habla... ‒ Volvió a sentarse en la silla aburrida‒.
¿De qué podemos hacerlo?
‒ Puede ser de cualquier cosa mientras esté relacionada con
la milicia. Hay que hacer un proyecto de investigación y de afirmación o
negación de teorías.
‒ ¿Perdón?
Firo suspiró y miró a su alrededor. La gente les miraba y se
estaba poniendo nervioso. Escuchaba claramente cómo decían sus nombres y palabras
sueltas como "enchufismo", "seguro que ya están aprobados"
e incluso algún que otro "son novios y los padres les han juntado".
Harto del cuchicheo se levantó de la silla de un salto.
‒ Vayamos a tu casa.
‒ ¿¡Eh!? ‒ horrorizada casi se calló de la silla.
‒ ¿Es que estás sorda? No puedo pensar con tantos palurdos
alrededor.
‒ ¿¡Y por qué habría que ir a mi casa!?
‒ Porque sí. Vamos ‒ Se adelantó y tiró de ella para que se
pusiese de pie‒. No es una idea que me guste, pero lo prefiero a aguantar a gentuza...
A regañadientes, Mynn acabó accediendo. Lo cierto es que
comprendió que quitarse lo más pesado al principio sería lo mejor a la hora de
llegar al estrés de final de curso. Tampoco le gustaba la idea de que Firo
pisase su casa, pero debía de acostumbrarse a su presencia y compañía si quería
aprobar (cosa de la que se mentalizó que quería).
Una vez dentro y como esperaba, no había nadie.
‒ ¿Vives sola? ‒preguntó curioseando el comedor.
‒ Casi. Mi padre está casi siempre en el puente y mis
hermanos trabajando.
‒ Es verdad, uno es soldado y el otro mecánico, ¿no? ‒Se
acercó a una vitrina y comenzó a mirar los discos.
‒ ¿Cómo lo sabes?
‒ Se habla mucho de vuestra familia... De quien no se habla
nunca es de tu madre. ¡Hala! ¡Un CD de Lynn Minmay! Madre mía, y te llamé
anticuada por Fire Bomber...
‒ Como rompas un CD lo pagas.
Ignorándola siguió mirando CD's hasta llegar a la inevitable
Fire Bomber. Casi toda la vitrina estaba llena de discos, DVD, ediciones
coleccionistas e incluso merchandising.
‒ ¿Eso es una figura de Nekki Basara...?
‒ Como la toques te corto las manos ‒Le señaló.
‒ Y... ¿No tenéis nada más moderno? En plan... ¿a Red Suns,
Conquista o Mónica?
‒ No ‒ dijo en un tono demasiado seco, tanto, que hasta Firo
la miró‒. Algo hay por ahí, pero no es la prioridad... ‒Cambió de nuevo su
tono‒. ¿Pero hemos venido aquí a hablar de música o del trabajo?
Haciendo caso, Firo dejó los CD y se sentó en el sofá. Tras
una larga hora de desacuerdos los dos terminaron en silencio pensando en algún
tipo de solución. El chico volvió a mirar a la vitrina y de pronto una luz se
iluminó en sus ojos.
‒ Lo tengo ‒dijo
incorporándose‒. ¡Lo tengo! ‒ repitió acercándose a la vitrina.
‒ Ilumíname, no te hagas el interesante, hombre... ‒ señaló
sin cambiar su postura de aburrimiento.
‒ Formular una hipótesis que una la música y la
Protocultura.
‒ ¿Qué? ¿Cómo? ‒ atendió rápidamente al escuchar la palabra
"música".
‒ Tú eres una fanática de la música de esta gente, de los
salvadores musicales de la Macross. Y a mí me encanta la historia de los
Zentradi, para eso soy mestizo. Podríamos usarlo a nuestro favor y hacer una
hipótesis preguntándonos si la Protocultura vivía basándose en el mundo de la
canción o si es mera casualidad y vivían como nosotros, sin la canción como eje.
‒ ¿Y de dónde sacaremos pruebas para probarlo?
‒ De los archivos, de la gente... Lo bueno del trabajo es
que hay tan poca información que solo podemos estipular, así que no nos llevará
tanto tiempo. Podemos hablar de por qué la música "ganó" a los
Zentradi y a los Protodeviln y de ahí teorizar. No sería un trabajo pesado y saldríamos
ganando los dos.
‒ Es... Es estupendo. ¡Me encanta!
‒ Genial. Haré un guión y te lo pasaré cuando lo tenga, ¿me
das tu número?
Escuchar aquella frase del tipo que peor la caía fue algo
chocante, sin embargo rápidamente volvió en sí y sacando el móvil marcó una
tecla y la lanzó con el dedo hacia el móvil del chico.
‒ Perfecto. Me voy ya que tengo hambre... ¡Hasta mañana! ‒ Y
saliendo a toda prisa, dejó la casa de Mynn nuevamente en silencio.
Era extraño, pero por algún motivo sintió que no eran tan
diferentes como parecían...
Tal y como dijo, a la tarde tuvo el guión. Era un simple
boceto de lo que sería el trabajo, pero la estructura quedaba clara y podía
comenzar a recopilar información cuando quisiera. Tenía que admitirlo, Firo era
un chico aplicado.
Pero saber eso no sería suficiente para que las cosas les
saliesen bien...
Cada uno quería llevar su ritmo en las clases, por lo que
siempre terminaban peleando o metiendo la pata y ganándose así puntos
negativos. En tan solo una semana, el tutor pidió una audiencia con ellos.
‒ No podéis seguir así ‒ dijo dejando caer sobre la mesa
varios papeles‒. Todos los profesores tienen problemas con vosotros porque o
termináis peleándoos o porque no dais una, ¿se puede saber qué os pasa?
‒ ¡Es él el que no da una y quiere hacerlo todo a su manera!
‒ ¿¡Yo!? ¡¡Pero si eres tú la que siempre me lleva la
contraria!!
‒ Chicos... ‒ El profesor habló en vano.
‒ Si no tuvieses tan malas ideas, no tendría por qué
hacerlo.
‒ ¿Que yo tengo malas ideas? ¡Eres tú la quie...!
‒ ¡Chicos! ‒ alzó la voz haciendo que al fin se callasen.
Seguidamente suspiró con pesadez‒. Vais a tener que empezar a llevaros bien si
queréis aprobar algo, lo que sea... Porque a este paso suspenderéis antes de
que pase un mes y es una lástima porque los dos tenéis potencial.
‒ ¿Eso cree? ‒se interesó Firo.
‒ Claro que sí. Todos están sufriendo porque las pruebas
físicas son duras, porque no saben cómo reaccionar... Vosotros tenéis muy
buenas ideas, pero estáis a una onda tan diferente que acabáis derrotándoos a
vosotros mismos... Y ya no es solo eso... Todos en clase han hecho amistades
menos vosotros que no dejáis de pelearos. ¿Por qué no enfocáis esa pasión en
colaborar?
Mirándose de reojo, ninguno supo qué contestar, aun así Hiro
se dio cuenta de inmediato del problema: Los dos eran unos cabezotas sin
remedio.
‒ He llamado a vuestros padres para informarles de esto.
‒ ¿¡QUÉ!? ‒preguntaron los dos a la vez con alta
preocupación.
‒ Me han dicho que hablarán con vosotros, es más, dijeron
que venían hacia aquí.
Como un acto reflejo, los dos se miraron.
‒ ¡Tengo que irme! ‒ Firo cogió sus cosas y no tardó en
lanzarse a la puerta.
‒ ¡Yo también! ‒ le acompañó Mynn.
Por desgracia nada mas abrir la puerta se encontraron a sus
padres de frente.
Saliendo a la calle y sin preocuparles lo más mínimo quien
escuchase, les regañaron por su comportamiento de una manera que parecía
estudiada al dedillo, pues lo que decía uno lo completaba el otro. Finalmente
zanjaron su perorata en medio de la calle con un "como esto siga así
tomaremos medidas".
Casi en el acto, el sonido de una transmisión hizo que todos
mirasen a las pantallas.
Alfred se extrañó, pues no había ordenado que se emitiese
nada, menos con tantísima prioridad.
La pantalla estaba en negro y cada pocos segundos se veía un
ruido que dificultaba la transmisión, eso hizo que todo el mundo mirase la
pantalla con curiosidad hasta que de pronto, una nave se vislumbró a lo lejos.
Al principio nadie veía más que una especie de mancha. No fue hasta unos
segundos más adelante que la nave apareció más cercana y fue reconocible por
todo el mundo. Los murmuros comenzaron levemente, pero en poco tiempo se
convirtieron en alegría y gritos de júbilo.
‒ ¿Eso no es... el Megaroad-01, papá? ‒ preguntó Mynn
acercándose a su padre para mirarle la cara y lo que vio... No le gustó.
Estaba pálido, como si hubiese visto un fantasma. Entonces
se dio cuenta de que Firo y su padre tenían un color similar en la piel.
Tardaron en reaccionar por mucho que Mynn les llamase, pero inmediatamente, los
padres de los jóvenes se marcharon con rapidez sin decir nada.
‒ ¡Eh! ‒se quejó Mynn.
‒ ¿Es que no lo sabías...? ‒dijo Firo en voz queda.
‒ ¿Saber el qué?
‒ La gente normal no lo sabe... Pero el Megaroad-01 cesó sus
comunicaciones en 2016... A la nave se la dio por perdida...
‒ ¿Y qué pasa por eso? ¡Es una buena noticia! Significa que
la nave seguía intacta.
‒ Sí, supongo... Pero... no sé, igual es solo cosa mía... Da
igual.
Sin comprender el problema, Mynn ignoró a Firo y no le dio
más importancia al asunto. Si estaban ahí, por algo sería y no le dio más
vueltas.
Sin embargo Alfred no pensó igual. Nada más llegar al puente
hizo que cortasen la transmisión, sin embargo, ni ellos sabían cómo, la nave
había abierto sus canales y se había colado en su sistema para ser expuesto a
toda la flota. Tardaron más de lo esperado en cortar la conexión y mantenerla
solo en el mando, pero finalmente lo lograron.
‒ Aquí
Macross Spinel. ¿Me reciben? SDF 2 Macross, ¿me reciben?
A la espera de una respuesta, Alfred agarró su uniforme y lo
retorció con nerviosismo.
‒ Alto y claro ‒ respondió una voz al otro lado. Pronto la
imagen cambió a la de un hombre algo mayor con el pelo estirado hacia atrás y
la mirada caída.
‒ Aquí Macross Spinel ‒ repitió. ‒ ¿Se encuentran todos
bien? ¿Necesitan...?
‒ Silencio, humano ‒ Sin alterarse un ápice el hombre habló
sin apartar la vista de la cámara.
‒ ¿Humano...? ‒balbuceó Alfred sin entender.
‒ A la velocidad a la que van llegarán hasta nosotros en
1440 horas y 32 minutos, es decir, en 60 días. Les advertimos de que si se
acercan a menos de 6 horas procederemos al ataque inmediato.
‒ ¿Ataque? ¡Espere un momento! ¡No somos enemigos, somos
aliados!
‒ ¿Aliados? ‒ preguntó el hombre arqueando una ceja con
diversión ‒. Los humanos sois escoria corrompida. Unos experimentos fallidos y
depravados que procrean con armas biológicas y que denigran nuestra cultura ‒
afirmó con cara de asco‒. Lo diré una sola vez más. Si su nave se acerca a menos
de 6 horas atacaremos sin pudor.
Y así, la transmisión cesó dejando al puente en completo
silencio.
‒ ¿Qué demonios...? ‒ se preguntó Alfred con los ojos como
platos ‒. ¿Por qué hablaba como si ellos no fuesen humanos?
‒ ¿Qué hacemos, señor? ‒preguntó una de las chicas.
‒ Seguir adelante.
‒ Pero señor...
‒ Esa nave lleva más de 70 años desaparecida ¿y la primera
emisión que hace desde entonces es amenazando a los tripulantes de otra nave?
No podemos dejar este asunto sin más. Ahí ha pasado algo y averiguaremos el
qué. Además... A mí nadie me dice por donde puedo o no puedo pasar en medio del
espacio... ‒ zanjó enfadado y con la impotencia de no poder contestar en
condiciones a quien había lanzado la transmisión.
Tras la finalización de la transmisión, el hombre carraspeó
y volvió a su habitual y cómodo método de hablar por telequinesis.
‒ Señor... ‒ un joven de cabello rubio dio un paso al frente
y habló por el mismo método‒. Pensé que su objetivo era capturar a los humanos
para continuar con los experimentos...
‒ Así es Apollo... Pero recuerda que los humanos no son como
nosotros. Ellos son tercos y orgullosos... Con el mensaje que les he dado
vendrán sin ninguna duda. Les capturaremos y podremos seguir investigándoles.
‒ ¿Está seguro?
‒ Somos Protocultura, Apollo. Pues claro que estoy seguro.
Y con aquella frase, el hombre se retiró dejando en la duda
a aquel llamado Apollo.
*Audios obligatorios para comprender la continuidad de la historia.

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