‒ Vale... ‒ Mynn respiró hondo y miró fijamente a Firo ‒. Si
no queremos que nuestros padres nos hagan la vida imposible tenemos que empezar
a hacer las cosas bien.
Firo asintió y desvió la mirada hacia una imagen holográfica
que colgaba en medio de la clase. Allí, sus nombres figuraban los últimos entre
todos los alumnos de la clase.
‒ ¿Otra vez los últimos? ‒ Una voz irritó a los jóvenes en
un instante‒. Já. ‒ La mujer, morena de pelo largo se apartó la melena con la
mano‒. ¿Y vosotros sois los hijos de los altos cargos? ¿Vuestros padres son tan
incompetentes como vosotros?
‒ ¿Por qué no cierras el pico y te largas, cotorra? ‒ Saltó
de inmediato Firo.
‒ Porque es más divertido ver cómo el enchufismo cae por su
propia fuerza ante el verdadero potencial... Admitidlo, no tenéis madera de
soldados. A este paso os echarán de las clases.
‒ Métete en tus asuntos, Maira ‒ Se levantó Mynn con los
puños apretados.
‒ Ya lo hago. Velo porque esta nave no tenga a dos patanes a
su cargo...
La campana del inicio de clases interrumpió a la joven.
‒ Bueno, empieza la clase... A ver si con suerte me toca
contra vosotros y os pisoteo como merecéis ‒Rió y se marchó dejando a los otros
dos con los puños apretados.
‒ A esa arpía... Hay que machacarla.
‒ En eso estamos de acuerdo ‒ Mynn volvió a sentarse a la
espera del profesor.
Cuando éste entró cerró la pantalla holográfica.
‒ Bien. Ya sabéis lo que toca... Vámonos a la sala de prácticas.
Saliendo de la sala, todos se dirigieron a la zona de
pilotos profesionales. Los primeros días todos miraban a todos lados
emocionados, sobre todo al cruzarse con pilotos famosos. Sin embargo ahora todo
era normal y rutinario, por lo que nadie se sorprendía al ver pasar al piloto
más habilidoso de la Macross Spinel o al campeón de vuelo de ese año. Mynn solía
pensar en ello al cruzar el pasillo que unía la entrada a la zona con la sala
de prácticas. Sentía un fuerte dolor en el pecho al hacerlo, pero era
inevitable que su mente se dirigiese sola hacia aquellos pensamientos.
Al llegar, encontraron simuladores colocados de cuatro en
cuatro: Dos cabinas frente a otras dos. Mynn no podía evitar sentirse a gusto
en aquella sala. No por lo que había, si no por el olor a goma que a pesar de
los años aun se mantenía en el aire.
‒ Hoy tendremos una práctica especial ‒El profesor tocó su
reloj y una pequeña pantalla holográfica se extendió a la vista de todos‒. Ya
llevamos dos semanas de clases, así que nos guste o no tenemos que empezar a
ser más estrictos con vosotros. Colocaremos el simulador en modo B. A diferencia
del modo C que hemos estado usando, éste modo se asemeja mucho más a la
sensación de estar en una Valkyrie. No del todo, pero lo suficiente como para
que el modo A sea un juego de niños.
»Usaremos el escenario del espacio, así que será aun más
complicado que antes, y... Sintiéndolo mucho, la pareja que menos puntos
consiga en esta prueba deberá de dejar las clases.
Aquella afirmación tensó a todos los alumnos con excepción
de Maira.
‒ Lo siento, órdenes de arriba... A partir de ahora solo
podremos seguir entrenando a los más fuertes, no podemos permitir que el
ejército se llene de pilotos de tercera.
Mynn y Firo no pudieron evitar mirarse pálidos como
fantasmas. Hasta ahora tenían el record en ser los peores y para colmo, ahora
que se habían propuesto mejorar, no habían podido practicar. Tenían tan claro
el resultado que habían empezado a temblar.
‒ Vaya, la parejita tiene miedo... ¿Por qué no nos hacéis un
favor y os retiráis ya? ‒ se mofó Maira provocando la risa de sus compañeros.
‒ Señorita Maira, absténgase de comentarios así en clase o
le bajaré la nota.
Sin apartar la vista de los furiosos Mynn y Firo, Maira
sonrió de medio lado.
Por suerte (o desgracia), su pareja no fue el equipo de
Maira, si no un par de chicos con los que nunca habían interactuado y, pensaban
ellos, nunca lo harían.
Se llamaban Seith y Kuper y mantenían su posición como los
sextos en casi todas las asignaturas. No eran muy habladores pero no les hacía
falta usar la voz para mostrar con la mirada todo lo que querían expresar, como
por ejemplo, el subestimar a sus enemigos.
‒ Vale... Ante todo calma... Firo.
Mirándole, no tardó en ver que el joven tenía la mirada
perdida.
‒ ¡Firo!
El chico giró la cabeza y volvió en sí.
‒ Tranquilo. Pensemos una estrategia inicial.
‒ Tienes razón, hay que pensar en algo... Eh... ¿Qué te
parece si atacamos juntos, observamos y tratamos de emboscarles aprovechando el
territorio?
‒ ¿Empezar el ataque nosotros?
‒ Seguro que no se lo esperan, sobre todo en un territorio
que nunca hemos probado.
‒...Bueno, de acuerdo... ‒No muy convencida, Mynn se colocó,
pasó el reloj por un sensor y en la pantalla aparecieron sus datos. Acto
seguido un cartel de "Hold on" le hizo ver que el resto aun no estaba
preparado.
No pasó más de un minuto hasta que el cartel de la pantalla
cambió a un "Ready" y, nada más salir la palabra "Go" se
lanzó a sus enemigos. Por desgracia, los controles no funcionaban tan
fácilmente como antes y lo único que consiguió fue dar una vuelta sobre sí
misma y quedarse boca abajo.
‒ ¡Mierda! ‒exclamó sin poder evitarlo‒. Firo, lo siento.
‒ Tranquila, yo tampoco me esperaba un cambio tan brusco...
Pero parece que nuestros enemigos tampoco lo esperaban. Vamos, aprovechemos
para adaptarnos.
Moviendo los controles, poco a poco Mynn se hizo a la idea
de cómo estabilizarse.
‒ ¡Cuidado! ‒La voz de Firo resonó a la vez que sus sensores
indicaban peligro, sin embargo, la joven no veía nada a través de la pantalla‒.
¡¡Desde abajo!!
Advirtió demasiado tarde: Mynn fue embestida por la Valkyrie
de Seith.
Moviéndose para ayudarla, Firo golpeó la nave enemiga
apartándola de su compañera, sin embargo, su sensor reaccionó y casi sin
dejarle tiempo para moverse, una ráfaga de disparos de Kuper pasó rozando su
Valkyrie.
‒ Joder... ¡Mynn, ataquemos!
‒ ¡Sí! ‒Obedeció sin cuestionarle. Por desgracia, Seith
aprovechó el momento para volver y ayudar a su compañero y antes de que se
diesen cuenta... habían sido aniquilados.
La pantalla se volvió negra y un "You're dead" les
dejó con la mirada fija en la pantalla sin atreverse a salir del simulador.
Pero tuvieron que hacerlo.
Fuera, Seith y Kuper charlaban tranquilamente, ignorando
completamente a Mynn y a Firo. Estos por su parte se dieron cuenta de que habían
sido los primeros en acabar y al mirar al profesor que ni siquiera se tomó la
molestia de dirigirles las mirada, dedujeron lo que temían: Habían quedado los últimos otra
vez.
Cuando todos terminaron, se reunieron a esperas de que el
profesor anunciase los resultados. Todos estaban tranquilos, todos menos Firo,
que sin haberse dado cuenta le había agarrado la mano a Mynn y se encontraba
mirando al suelo con pánico. «Es cierto, su sueño era ser soldado...» se dijo
Mynn convenciéndose de que soltarse de él no beneficiaría a su asustado
compañero.
‒ Muy bien chicos, podéis volver a clase... Mynn, Firo,
vosotros quedaos aquí.
Una pequeña risa femenina hizo que Mynn apretase la mano de
su compañero con rabia, ¿pero por qué tenía ese sentimiento si ser soldado no
significaba nada para ella?
Al marcharse todos, Firo finalmente se soltó de Mynn,
respiró hondo y aceptó en apariencia lo que el profesor pudiese decirles.
‒ Chicos... ‒El hombre se rascó la nuca‒. Habéis quedado los
últimos... Sé que con tiempo podríais darle la vuelta al asunto, pero... Las
normas son estrictas y no puedo hacer nada, lo siento... Deberéis de devolver
vuestras cosas a...
‒ ¡Por favor! ‒Firo alzó la mirada‒. Por favor... denos otra
oportunidad. No hemos podido congeniar con las Valkyrie, pero le aseguro que
los dos hemos puesto de lado nuestras diferencias y nos estamos esforzando, así
que por favor...
‒ Firo, muchacho... No depende de mí. Son órdenes de arriba.
No quieren lastres, lo siento...
El dolor se acumuló en el pecho de muchacho. Aquella palabra
le había cortado el pensamiento y lo único que pudo hacer fue salir corriendo.
Mynn no dijo nada, ni se movió. El profesor, tras dedicarle
una mirada algo apenada se marchó de allí y entonces fue cuando la joven
suspiró y acabó por salir.
La ahora ex estudiante a soldado no había hecho más que
pensar en la reacción de su padre, en el sermón que la daría y en que, aunque
odiaba admitirlo, acabaría por ser readmitida por el puesto que ocupaba su
padre. Pensar en aquello la hizo recordar la sonrisa burlona de Maira y apretó
los dientes con rabia. Poco después alzó la cabeza y se dio cuenta de que se
encontraba en el parque de las divas.
Verse allí hizo que la muchacha sacase el móvil en busca de
señales de XAYON, pero tal y como esperaba, no había rastro de él. Desde que la
Megaroad perdida había contactado con la nave, XAYON no había vuelto a aparecer
y aquello la entristeció dejando de lado la rabia.
Sin nada más que hacer y sin ganas de ver a su padre, se
adentró en el parque y entre figura y figura, vio a alguien encogido sobre sí
mismo escondiendo la cabeza entre las rodillas.
‒ ¿Firo...?
El joven levantó la cabeza un segundo y volvió a esconderla.
Aun así, fue suficiente para que Mynn se diese cuenta de que había estado
llorando.
‒ ¿Qué haces aquí?
Pero el joven siguió sin responder.
‒ ¿Por qué te preocupas tanto? Sabes que volveremos a
entrar, nuestros padres...
‒ ¡Eso es lo que no quiero! ‒estalló de pronto alzando la
cabeza‒. No quiero que mi padre tenga que meter la mano para poder ser lo que
quiero... no quiero ser un lastre.
Comprendiendo lo que realmente le había dolido de todo
aquello terminó por sentarse a su lado.
‒ ¿Tanto quieres ser soldado?
Firo asintió volviendo a esconderse.
‒ ¿Por qué?
‒ Por lo mismo por lo que tú quieres ser cantante.
Abriendo la boca para responder, Mynn se quedó sin palabras.
¿Por qué quería ser cantante? No encontraba ningún motivo más allá de un
"porque sí".
Mynn volvió a levantarse tras unos minutos sin hablar, pero
antes de poder dar un paso notó cómo Firo le había agarrado de la pernera.
‒¿Qué?
‒ Quédate...
‒ ¿Para qué?
‒... Tú eres muy cortita, ¿verdad?
‒ ¿Qué quieres decir con eso? ‒ Se enfadó cruzándose de
brazos.
‒ Siéntate...
Molesta, hizo caso y Firo, finalmente, se incorporó dejando
sus piernas estiradas.
‒Hemos fallado porque no nos comunicamos ¿sabes? Estamos tan
ocupados llevándonos la contraria que cuando hemos querido rectificar nos han
dado puerta.
‒ Ya, ¿y de qué sirve darse cuenta ahora?
‒ Yo no pienso abandonar, Mynn. Voy a ser soldado y para eso
necesito tu ayuda.
‒ ¿Qué? ¿Y por qué no entras tú solito? Así te librarás de
mí y podrás superar nuestras notas.
‒ ¿Y para qué iba a querer librarme de ti ahora?
‒ ¡Porque nos llevamos mal! ‒Respondió como si fuese algo
obvio‒. Si hemos fallado así es porque no somos afines, nos odiamos, es
imposible que podamos...
‒ Yo nunca he dicho que te odie ‒La mirada de Firo parecía
confusa y a la vez dolida‒. ¿Que no somos afines? ¿Eres tonta? Somos
prácticamente iguales, ¿es que no te fijas en tu alrededor?
Confundida, esperó que Firo respondiese.
‒ Somos hijos de quiénes somos y siempre hemos sido objeto
de burlas y de desprecio. ¿Es que nunca te has fijado en que...? ‒Masajeándose
las sienes esperó un momento antes de continuar‒. ¿Nunca has visto que siempre
estaba tan solo como tú? Yo... solo quería... hacerme amigo tuyo ‒murmuró de
manera casi imperceptible.
‒ ¿Qué? ¿Entonces por qué demonios me picabas siempre? ¡Te
fastidió tanto como a mí que fuésemos pareja!
‒ ¡Fuiste tú la que empezó a tratarme como si fuese una
molestia! ¡Así que actué en consecuencia!
Mirándose, reconocieron en el otro la expresión con la que
se habían estado mirando durante las dos semanas que habían colaborado:
Molestia. Aquello podría suponer una separación aun más grande, sin embargo se
echaron a reír.
Rieron como si les hubiesen contado el chiste más gracioso
del mundo y cuando pararon, no pudieron hacer más que mirar al suelo y
limpiarse las lágrimas de risa de la cara.
‒¿Qué tal si empezamos de cero? ‒preguntó Firo de manera más
animada‒. Empecemos de cero y volvamos a intentarlo por nuestros medios.
Un silencio incómodo cruzó sobre ellos. Un silencio que hizo
que Mynn se mordiese el labio inferior y negase con la cabeza.
‒ Lo siento, Firo... Pero yo no quiero intentarlo otra vez.
Y sin dejar que le parase, Mynn se levantó y se marchó
corriendo, dejando atrás el sonido de la voz de Firo llamando su nombre.
Al llegar a su casa, Mynn descubrió con sorpresa que su
padre y sus hermanos se encontraban en el comedor. La tensión en el silencio
que mantenían era tan palpable que la joven tuvo ganas de volver a salir.
‒ ¿Qué significa esto? ‒preguntó su padre mostrando un
holograma. En la hoja hacía oficial la expulsión de la joven.
‒ Lo que pone, me han echado.
‒ ¿Por qué? ‒Su padre parecía impaciente.
‒Por no entenderme con mi compañero. Lo intentamos, pero...
‒ ¡Eres una inútil!
Aquella exclamación sorprendió tanto a Mynn como el bofetón
que cruzó su cara.
‒¿¡Es que no eres capaz de dejar de ser tan egoísta!?
¿¡Tales son tus ganas de desligarte de tu familia que no puedes ni intentarlo!?
¡¡Pues si esto es lo que podemos esperar de ti, puedes imitar a tu madre,
marcharte por esa puerta y no volver a cruzarla!! ‒chilló con tal fuerza que
Mynn retrocedió acongojada.
‒¡Papá, te estás pasando! ‒Petro, tan sorprendido como Abel
tuvo el valor de dar un paso hacia él.
Incapaz de moverse, Mynn dejó caer las lágrimas y como un
detonante retardado, notó su ira salir desbordada.
‒Muy bien... ‒Balbuceó en un principio‒. ¡Si ella me lo
hubiese preguntado ten por seguro que me hubiese marchado con ella antes que
quedarme con un desgraciado como tú! ¡Imbécil! ‒dijo finalmente antes de darse
media vuelta y volver a irse.
‒Papá... ‒Petro trató de razonar con Alfred, sin embargo en
su mirada podía verse que no atendería a ellas.
‒No tenemos tiempo que perder en personas que no se toman en
serio sus labores. La Megaroad 01 ha amenazado con atacarnos sin motivo alguno
y debemos de averiguar por qué.
‒ ¿Cómo pretendes hacerlo? ‒habló Abel por primera vez.
‒ He tratado de comunicarme con otras naves, pero las
conexiones han sido restringidas. Para colmo en ningún lado hay ni una sola
pista de lo que puede haber pasado... Así que la única manera es acercándonos a
ellos.
‒¿Piensas poner en peligro a toda la flota? ‒se alarmó
Petro.
‒ Jamás. Por eso necesito que los soldados estén muy bien
preparados. Mandaremos tropas de expedición cuando nos hayamos acercado un poco
más y trataremos de comunicarnos con ellos de manera pacífica... Pero si no
responden bien...
‒¿Atacaremos? ‒preguntó Abel a pesar de saber la respuesta.
‒Sí. Entraremos en guerra si hace falta, pero tenemos que
saber qué ha pasado. Por eso dejaré que mováis algunos hilos por vuestra
cuenta, para no levantar sospecha.
Aceptando la misión que su padre les encomendaba, ninguno de
ellos pudo imaginar que a través de uno de los CD's de la estantería una
persona ajena a la familia se beneficiaba de aquella información.
El hombre reía ligeramente y, cuando la familia se dispersó
del todo su risa se convirtió en un resoplido despectivo.
‒Esta es la oportunidad que llevo esperando años... ‒Se
estiró y desvió su atención a la puerta cuando se abrió‒. ¿Qué haces tan pronto
aquí, Firo?
‒Abuelo... Aghh... ‒ Lanzó su mochila al suelo‒. Esa idiota
de Mynn... Ha hecho que me expulsen del ejército.
‒Bah. No te preocupes, mañana estarás readmitido.
‒Si hago eso Mynn sospechará. Le he dicho que no quería
depender de la influencia de papá.
‒¿Y para qué dices eso?
‒Abuelo... Fuiste tú el que me pediste que me acercase a ella...
‒Ah, bueno, ya no es necesario... Ya tengo lo que quiero.
‒¿En serio? ¡Genial! ¿Entonces ya podremos iniciar una
revolución?
‒Poco a poco, Firo... Pero eh, ni una palabra a tu padre. Ya
sabes que...
‒Que sí... que es un aliado de los Flauston y jamás estaría
de acuerdo... Ya lo sé.
‒Me alegro de que tú hayas salido más inteligente. Pronto
serás tú quien gobierne la Macross Spinel. Ah, en cuanto a esa chiquilla... Que
no sospeche, pero ya no es necesario que intimes con ella.
‒Genial, eso que me quitas de encima... ‒fingió un
escalofrío‒. Es horrible fingir ser un mártir...
Tras reír y recoger su mochila, Firo se marchó a su
habitación dispuesto a relajarse, aunque poco le duró aquel pensamiento, pues
unos minutos después sonó el timbre de su casa y la criada llegó hasta él.
‒Es la señorita Flauton, ha insistido en hablar con usted.
‒¿Mynn? ‒Asqueado puso los ojos en blanco‒. Está bien, que
pase.
‒Verá... Ha insistido en que salga usted...
‒Mira que es inoportuna... ‒balbuceó antes de salir‒. Hola
Mynn. ‒ Sonrió ligeramente.
‒ Firo... ‒Mirando al suelo con los puños cerrados hizo que
el joven arquease las cejas. Finalmente, la mujer alzó la cabeza y le miró
directamente a los ojos‒. Volveremos al ejército juntos. Te prometo... Te
prometo que entraremos y machacaremos a todos hasta ser los mejores.
La mirada llena de fuego de Mynn sorprendió al chico, quien
tardó unos segundos en reaccionar y volver a meterse en su papel de
"seamos amigos".
‒Cuento contigo ‒sonrió y apretó la mano de la traicionada e
ignorante Mynn Flauston.
*
Una vez dentro y a salvo se colocaron en los simuladores más
alejados de la sala ‒todo por precaución, no fuesen a abrir igualmente la
puerta‒. Se colocaron juntos y Firo puso el modo B en el espacio.
‒ Lo primero será...
‒ ¿Qué haces? ‒preguntó Mynn nada más marcó el modo B‒. Si
nos ponemos ahí avanzaremos muy despacio... Vayamos al modo S.
‒ ¿Al S? Pero... Si no manejamos el B, mucho menos podremos
manejar el A... Y el S ya ni te cuento.
‒ Precisamente por eso. Si queremos avanzar rápido, lo mejor
será ponerlo en el mismo modo en el que entrenan los verdaderos soldados. El
truquito no va a funcionar para siempre, así que cuanto antes mejoremos...
‒ Vale, entendido... ‒dijo cambiando el modo de dificultad.
Para sorpresa de los dos la cabina se cerró aislándoles el uno al otro y
dejándoles con una extraña sensación de cerrado.
"Para parar el
ejercicio pulse el botón rojo situado en el panel de control en cualquier
momento. Por favor, tenga cuidado de su salud, el ejército no se hará
responsable de los daños que pueda sufrir"
Leyendo aquel mensaje, Mynn se asuntó un poco. Aun así
aceptó y miró el botón de reojo.
‒ Esto da un poco de miedo, ¿no crees? ‒miró a su compañero,
sin embargo pudo comprobar que no podía escucharle.
Mirando de nuevo al frente y sin saber qué la esperaría,
inició el ejercicio y, en el preciso instante en el que comenzó, sintió una
fuerte presión en todo su cuerpo, como si la hubiesen tirado una roca gigante encima.
Mynn no pudo evitar soltar un gemido de dolor al haberla pillado desprevenida,
pero aun así trató de alzar la vista. Como si su propio cerebro la advirtiese,
recordó la indumentaria de los soldados, las máscaras de oxígeno, el duro
entrenamiento antes de montar en una Valkyrie... Y la presión de la nave en el
espacio. Nunca había reparado en que todas las Valkyrie tenían un sistema de
gravedad que fortalecía a la nave pero que limitaban a los pilotos hasta el
punto de que para manejar una nave en condiciones se necesitaba mucho tiempo de
entrenamiento.
Pero aun así, en la cabeza de Mynn perduraban las duras
palabras de su padre y las ganas de demostrarle que el único inútil que existía
en la familia era él, así que trató de aguantar forzando cuerpo y espíritu al
límite. La presión la dolía en la cabeza y poco a poco se sentía más mareada,
más alejada de sí misma... Y de pronto todo terminó. La pantalla se puso en
negro, la cabina se abrió y calló de lado incapaz de sobreponerse a la presión
normal.
‒ ¿¡Pero tú eres idiota!? ¿¡Es que no notabas la presión!?
‒espetó Firo en un ataque de ira‒. ¡Podrías haber muerto, estúpida!
‒ Cállate... ‒murmuró‒. Estaba a punto de conseguirlo...
‒ ¡De conseguir morirte, dirás! ¡Te está sangrando la nariz!
Un poco más y no lo cuentas, imbécil.
‒ ¡¡Deja de insultarme!! ‒Con las pocas fuerzas que la
quedaban, Mynn alzó la voz y acalló a su compañero por unos segundos.
‒ Iremos poco a poco. Empezaremos con el nivel B, seguiremos
con el A y acabaremos en el S. Y no voy a permitirte que lo hagas de otra
manera. Prefiero tardar un poco más a morir en el intento. ¿Entendido?
Mynn se limpió la nariz con la manga, se levantó con
esfuerzo y volvió a sentarse en el simulador.
‒ Por la B entonces. ¿A qué estás esperando? Tenemos mucho
que hacer...
Suspirando con paciencia, Firo volvió a enchufar la máquina,
se sentó en su sitio y pulsó la B. Acto seguido miró a Mynn de reojo y no supo
decir si veía a una insensata o a alguien con excesiva determinación.
Por otro lado, lejos de las inmediaciones militares, algunas
personas miraban distraídas la web hasta que un vídeo les asaltaba: "El
gobierno quiere aniquilar la Megaroad-01", se llamaba. Para sorpresa
de algunos, el vídeo era una pantalla negra, pero lo importante no era lo que
se veía, si no lo que se escuchaba...
*
Algunas personas lo ignoraron, otras se indignaron y pasaron
el enlace a sus amigos... El vídeo lo vieron pocas personas en un principio, pero
poco a poco la tela de araña se expandía en silencio por la red...
Mynn y Firo terminaron bien entrada la madrugada. Salieron
con cautela y se separaron nada más salir del recinto. Mynn prefirió dar un
rodeo antes de dirigirse a su casa y mirar el móvil en busca de su amigo
desaparecido... Y así seguía, desconectado como si de pronto se hubiese
esfumado de su realidad, como si nunca hubiese llegado a existir. La joven no
pudo evitar pensar que o bien la estaba evitando o que algo le había pasado.
Obviamente, pensarlo no la ayudaba en nada, pero no pudo hacer otra cosa:
echaba de menos a su amigo.
Pero no podía quedarse fuera de su casa para siempre. El
sueño y el cansancio la invadían y además, pensó, su padre no estaría allí.
Al llegar y comprobar que sus pesquisas eran ciertas no
esperó ni a irse a su cuarto: se durmió en el sofá.
Los entrenamientos nocturnos se sucedieron día tras día y en
una semana Mynn y Firo mejoraron lo suficiente como para pelear contra el
simulador en modo B sin ser asesinados en menos de un minuto. Sabían que
deberían de mejorar todavía más, pero poco a poco iban compenetrándose y a su
vez, se iban conociendo y llevando mejor. Mynn no tardó mucho en reemplazar a
XAYON por Firo. No porque le dejase de importar, si no porque la existencia del
primero seguía indefinidamente perdida y Mynn añoraba tener a alguien con quien
hablar. Podría haber acudido a Aura, pero aunque eran amigas, la joven no se
sentía con el valor de hablarla de sus problemas con ella. Además, tenía la
certeza de que cuanto más interactuase con Firo, mejor les iría en combate.
Por su parte, Firo respondía con pesadez, aburrido de todo
lo que pudiese decirle... Pero debía de seguir el juego si no quería meter la
pata. Su abuelo no tardó en recordárselo.
‒ ¡Firo! ‒exclamó nada más entró por la puerta‒. Ven, ven,
mira esto.
Notando la vibración de los mensajes de Mynn en el bolsillo
lo ignoró un momento y se acercó a su abuelo.
‒ Mira el número de visitas. ¡5000! ¡Una quinta parte de
toda la flota ha visto el vídeo, Firo! Y mira... Hay gente que responde dando
su opinión contra el gobierno y clamando una revolución ‒rió con su voz seca‒.
Pronto nos alzaremos con el poder. En cuanto empiecen las protestas en la calle
apoyaremos al pueblo y derrocaremos a la familia Flauston, ¡por fin!
‒ Genial... ‒respondió distraído y sacando finalmente el móvil.
‒ ¿Qué haces?
‒ Responder mensajes...
‒ ¿Es esa Mynn? Ten cuidado con esa chica.
‒ Te aseguro que esa boba es de todo menos peligrosa ‒alzó
la vista un momento antes de volver a la pantalla.
‒ No lo digo por eso... Lo digo por ti.
‒ ¿Por mí? ‒Alzó una ceja sin apartar la vista del aparato.
‒ Por si te enamoras de ella.
Soltando un sonido extraño apartó la vista del móvil
violentamente.
‒ ¿¡Cómo voy a enamorarme de una tía tan deprimente!? Por
amor de Dios, abuelo...
‒ Yo no digo nada... Pero eres hijo de tu padre. Y tu padre
se casó con una mentradi a pesar de que odiaba su raza.
‒ Yo no soy mi padre. Si lo fuera tu revolución habría caído
en saco roto hace tiempo ‒concluyó antes de salir indignado de la habitación.
Su abuelo, encogiéndose de hombros volvió la vista a la
pantalla con una sonrisa que contrastaba enormemente con la cara de enfado de
Alfred al descubrir la existencia de ese vídeo.
‒ ¿¡Qué significa eso!? ‒ Dando un golpe en su mesa hizo que
Linda, una de las operadoras, diese un paso atrás y quitase el vídeo de la
pantalla holográfica del despacho de Alfred.
‒ Lo descubrí ayer por la noche... Lleva una semana en
Internet. No parece que le estén dando importancia, pero pensé...
‒ Has hecho bien ‒afirmó dándose media vuelta para mirar a
la pared‒. Tenemos que descubrir quién ha subido ese vídeo y cómo ha conseguido
esos audios... Y eliminarlo inmediatamente de la red. Ahora mismo no podemos
permitirnos problemas internos.
‒ A la orden señor. Hablaré con los informáticos a ver qué
sacan.
Cuando Linda salió de la sala, Alfred se llevó la uña del
pulgar a la boca con algo más que preocupación en su mirada...
‒ ¡Bien! ‒exclamó Mynn saliendo del simulador con gran
cansancio y llena de sudor‒. ¡Lo hemos logrado, Firo! Al fin podemos aguantar
más de diez minutos en el modo S.
‒ A duras penas...
‒ Bueno, para llevar solo dos semanas entrenando no está
nada mal, ¿no te parece?
‒ Supongo...
‒ ¿Por qué no lo celebramos? ¿Nos vamos a cenar por ahí?
‒ ¿Tengo cera en los oídos o me estás proponiendo una cita?
‒ ¡No seas tonto! Somos compañeros, te propongo una
celebración por los avances.
Firo suspiró pero no pudo evitar lanzar una media sonrisa.
‒ Está bien. ¿A la hamburguesería del tío Pepe?
‒ Me has leído la mente ‒rió‒. ¿Quedamos en media hora en el
parque de las divas?
‒ Vale. Oye, y sobre lo de volver a las clases...
‒ Lo hablamos luego. Estoy segura de que pronto podremos
volver a las clases ‒Con un ánimo inusual, Mynn agarró sus cosas y salió de la
sala.
En su soledad, Firo mostró una expresión algo decaída, sin
embargo pronto recuperó el ánimo; se puso de pie y se dirigió a su casa.
Sin mucho tiempo para perder se duchó, se vistió con una
camisa azul, unos vaqueros y unos zapatos semi formales. Se peinó, se echó
colonia... y se detuvo frente al espejo un instante. Cerró los ojos, sacudió la
cabeza y se dirigió hacia la puerta.
‒ ¡Firo! ‒La voz de su abuelo le detuvo‒. Por fin va a
comenzar, ¡por fin!
‒ ¿Ya...? ‒preguntó sin mucho entusiasmo.
‒ Ese idiota de Alfred ha intentado rastrearme sin saber que
sus amigos hackers trabajan para mí ‒Rió de aquella manera que tan poco
agradaba a su nieto‒. Y justamente ahora que ha visto que no puede encontrarme,
ha eliminado el vídeo de la red.
‒ ¿Y qué?
‒ ¿Y qué? ‒Repitió girando la silla para mirar a su nieto
con incredulidad‒. Vamos nieto... Aunque haya dejado pasar un tiempo de
cortesía, la gente sabrá que el vídeo ha sido borrado por los altos mandos. ¡Es
la chispa que encenderá el fuego que nosotros avivaremos cuando la gente
empiece a levantarse por su propia cuenta!
‒ ¿De verdad crees que será tan fácil...?
‒ ¿Ahora dudas de mí? Niño tonto... Lo único que tenemos que
hacer es esparcir más rumores. La semilla ya está plantada, aunque la ignoren,
la verán crecer y pronto creerán en su existencia cuando florezca y se alce. Y
entonces... Llegará nuestro turno. Y le doy al asunto una semana o dos más como
mucho.
‒ Muy bien, abuelo ‒Sin mucho ánimo, se dispuso a marcharse.
En contra de lo que esperaba, la mano de su abuelo se aferró a la manga del
chico.
‒ ¿Has quedado?
‒ Pues sí. Y llego tarde.
‒ ¿Mynn...?
Chasqueando la lengua molesto se zafó de su abuelo.
‒ Es una cena de celebración, nada más...
‒ ¿Nada más? ¿Y por eso te has echado tu mejor colonia?
‒ ¡Abuelo! ‒Se enfadó dando un pisotón en el suelo‒. ¡Deja
de actuar como si fueses una novia celosa! Ya te he dicho que solo la sigo la
corriente para que no sospeche. Cuando la revolución empiece, se acabó.
‒ Vale. Márchate entonces.
Y dando un portazo, Firo se dirigió al lugar acordado.
Por su parte, Mynn llegó a su casa y lanzó la bolsa al sofá.
Al encontrarla vacía nuevamente suspiró y recordó que no había vuelvo a ver ni
hablar con su padre desde la discusión que tuvieron. No es que se arrepintiese
de sus palabras o que quisiese verle especialmente, pero de vez en cuando se
acordaba de él, era inevitable... Tanto como el mirar a su derecha y notar que
faltaba un disco y que los CD's estaban desordenados. Supuso que alguno de sus
hermanos había estado hurgando y no le dio más importancia dado que sus CD's
seguían intactos... Pero aun así, notaba una pesada sensación interna que la
animaba a volver a ordenarlos cada vez que dirigía hacia allí su mirada y eso
la molestaba. "Mañana los ordenaré", fue lo que pensó antes de ir a
su cuarto, ponerse un vestido bonito ‒pero no insinuante‒, peinarse, perfumarse
y colocarse unos pendientes. A punto de marcharse por quedarse sin tiempo se
paró frente a la puerta y acto seguido dio media vuelta, se quitó los
pendientes y ahora sí, se dirigió al lugar de encuentro.
Al llegar al parque de las divas, Firo ya estaba allí.
Miraba al suelo distraído, así que Mynn aprovechó para ir por detrás y
asustarle con un "buh".
‒ ¿Qué haces? ‒Arqueó la ceja mirándola como quien mira a un
loco.
‒ Eh... N-nada... ¿Vamos?
En la hamburguesería pidieron y hablaron de estrategias, de
movimientos que les habían gustado... Por un momento Firo pudo olvidarse de su
abuelo, sin embargo sus oídos captaron una conversación ajena que atrapó su
atención y aceleró su corazón.
‒ ¿Has visto? Ya no está disponible, ¡lo han borrado! ‒decía
una chica indignada.
‒ Qué fuerte... Seguro que el gobierno no quería que lo
supiésemos y lo ha quitado... Pues anda que no ha tardado en hacerlo.
‒ ¿Tú crees? ¿Entonces... crees que de verdad planean atacar
a la nave...?
‒ ¡Firo! ¿Me estás escuchando? ‒De pronto, el joven volvió a
su mesa y se quedó mirando unos segundos los ojos de Mynn.
‒ Eh... Oye, hablemos de lo de volver a clase... ¿Y si nos
presentamos mañana? Así podríamos recuperar el tiempo perdido cuanto antes. Si
tardamos mucho más igual nos perdemos en otras asignaturas...
‒ ¿Mañana? Querría haber practicado más en el modo S...
‒ El resto no habrá llegado a hacer tanto como nosotros.
Además, si no nos ponemos al día... Recuerda, el trabajo final...
‒ ¡Ay, es verdad! Hmmm... No me siento muy confiada, pero...
‒ Lo lograremos ‒afirmó agarrándole las manos‒. Hemos
entrenado muy duro, te aseguro que les vamos a dejar locos ‒sonrió con malicia.
‒ S-supongo... ‒afirmó mirando a otro lado algo sonrojada‒.
Es... ¡Está bien! ‒Se soltó de él‒. Hagámoslo mañana.
Y centrándose en su cena, no se percató de que Firo no
estaba ni mucho menos con la cabeza en el mismo sitio en el que la tenía ella.
*Audios obligatorios para comprender la continuidad de la historia.


¿Ya te diste por vencida?
ResponderEliminarEspero que no...
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